Stephanie Willman Bordat y Saida Kouzzi son la directora de
programa y la abogada de la oficina de Global Rights en Rabat. Global
Rights es una organización internacional de defensa de los derechos
humanos, antes conocida como International Human Rights Law Group. Los
autores quieren mostrar su agradecimiento a Houda Benmarek, Asistenta
del programa en Marruecos de Global Rights, por su ayuda en la
investigación para este artículo.
En febrero de 2004
el Reino de Marruecos aplicó reformas a la Mudawana, la ley que regula
el matrimonio, el divorcio, las relaciones de parentesco, la herencia y
la custodia y tutela de los hijos, reformas las cuales prometen el
adelanto de los derechos de la mujer. Los defensores de estos derechos
en Marruecos en un primer momento celebraron las reformas como una
victoria para la mujer y, de manera más general, del proceso
democrático en el país. Sin embargo, aún está por ver si la nueva ley
conllevará en la práctica una mejora de los derechos de la mujer.
Los
conservadores islamistas habían obstaculizado los anteriores intentos
de modernizar la Mudawana, la única ley marroquí basada aún en los
preceptos del Islam. Como parte de un esfuerzo por mostrar una imagen
progresista, el rey Mohamed VI nombró en el 2001 una comisión real
formada por autoridades religiosas y expertos legales cuyo cometido era
proponer reformas al texto legal de acuerdo con principios religiosos.
Tras treinta meses de intenso debate, la comisión propuso sus
recomendaciones a Palacio, que las adoptó como base para la legislación
que presentó al Parlamento en octubre de 2003. Aquí las reformas se
debatieron extensamente y se realizaron 110 enmiendas antes de la
aprobación del texto final por unanimidad en enero de 2004 (a
diferencia del Código original de 1957 y de las revisiones menores de
1993, que fueron promulgados por decreto real). La ausencia de
oposición a estas reformas en el Parlamento se debe al cambio del
panorama político tras los atentados terroristas de Casablanca en mayo
del 2003, en los cuales estuvieron implicados islamistas radicales. Los
atentados tuvieron como consecuencia la represión de algunos grupos
islamistas, lo que colocó a los sectores religiosos a la defensiva y
acalló sus críticas a las reformas.
Las reformas elevan la
edad mínima de las mujeres para contraer matrimonio de 15 a 18 años,
establecen el derecho al divorcio por mutuo acuerdo de los dos esposos,
somete la poligamia y el repudio (el derecho del marido de separarse de
la esposa sin que medie causa justificativa) al control judicial,
establece la familia como una responsabilidad compartida de los
cónyuges, y pone fin a la obligación de la mujer de obedecer al marido
y al requisito de un tutor (wali) para que ésta pueda casarse.
Sin
embargo, varios factores podrían impedir que las mujeres marroquíes
disfruten de estos nuevos derechos. El primero es la falta de
familiaridad del poder judicial con las reformas. El Ministerio de
Justicia ha iniciado programas de formación destinados a algunos jueces
especializados en asuntos de familia; aunque dichos programas pueden no
ser suficientes pues existen serias dudas acerca del compromiso de los
magistrados con el espíritu del nuevo código. Las asociaciones de
mujeres señalan que estos no aplicaron siquiera las reformas más
modestas de 1993. Según el nuevo texto, los jueces aún tienen poder
para valerse de los principios religiosos a la hora de resolver
aquellos asuntos que no se contemplen en el código, que son muchos, lo
cual les permite un amplio margen de maniobra para aplicar las
interpretaciones religiosas más conservadoras. La nueva ley también
concede a los jueces la responsabilidad de supervisar la reconciliación
obligatoria en los casos de divorcio. Esto ha despertado la
preocupación de las asociaciones de mujeres, que creen que los jueces
darán prioridad a la reconciliación en interés de la armonía familiar
por encima de la aplicación de las reformas.
La estructura del
sistema judicial presenta otro reto. La reforma de la Mudawana supuso
la creación de juzgados de familia separados de los juzgados de primera
instancia, que eran antes competentes en asuntos de familia. El
Gobierno planifica crear 70 juzgados de familia, uno por provincia: una
cifra inadecuada para atender al 50% de la población que reside en
zonas rurales apartadas. Además, algunos observadores prevén que
apartar los asuntos de familia de los juzgados ordinarios tendrá como
consecuencia un estándar de la justicia inferior para estos casos. En
palabras de un abogado: “¿Por qué deberían tener las mujeres un sistema
de justicia paralelo, de segunda clase?”.
La oposición de los
adouls al nuevo código complica más las cosas. Los adouls ejercen la
función de notarios públicos de carácter religioso y según la antigua
ley tenían autoridad para oficiar matrimonios y redactar contratos
matrimoniales. Con la nueva Mudawana esto pasa a ser competencia de los
juzgados de familia y los adouls pasan a desempeñar el rol de meros
"secretarios” con una función religiosa simbólica. Esto incitó a este
grupo a organizar una protesta frente al Ministerio de Justicia. Con
todo, es posible que los adouls conservadores mantengan su enorme
influencia sobre el matrimonio ya que muchos marroquíes los consideran,
por encima de los jueces, los expertos legales de las comunidades; y
porque, a diferencia de los juzgados de familia, los adouls están
presentes en todo el país.
Por último, está la dificultad de
lograr que la sociedad marroquí conozca y acepte las reformas. El hecho
de que una gran parte de la población sea analfabeta (las estimaciones
oficiales indican un 42% de las mujeres en zonas urbanas y un 82% en
zonas rurales) supone un obstáculo considerable a este respecto. En
tales condiciones, los grupos integristas pueden difundir propaganda
subversiva contra las reformas en el ámbito local con consecuencias muy
perjudiciales. El Ministerio de Justicia, los medios de comunicación
del país y las organizaciones de la sociedad civil han emprendido
campañas para contrarrestar dicha desinformación.
Teniendo en
cuenta la dificultad que supone en una sociedad religiosa y
conservadora tomar conciencia de los derechos de la mujer, junto con la
carencia de instituciones que vigilen la actuación judicial, es
evidente que aun queda mucho por hacer, aunque la aprobación de las
reformas constituye un paso adelante en el respeto de los derechos de
la mujer. Las asociaciones que defienden los derechos de la mujer en
Marruecos estarán ocupadas todavía por mucho tiempo.