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Europa también nos divide, por Fernando Jáuregui
Dec 18,2006 00:00
by
rajae
Puede que lo más notable en materia de política interna, en esta semana
que se nos viene encima, vaya a ser otra bronca parlamentaria sobre
Europa. Son varios los países de la UE en los que se anida la polémica
acerca de cuánto europeísmo es aceptable para mantener íntegra la
soberanía, o acerca de la conveniencia o no de hacer frente, con
ingentes sumas de dinero, a la inmigración ilegal. Por no hablar,
claro, de la ampliación de la UE, oficialmente frenada en la última
cumbre del Consejo Europeo en Bruselas, o, sobre todo, de qué hacer con
la Constitución Europea, aprobado por unos Estados si, por otros no y
que permanece o permanecía hasta este viernes en el limbo de lo
olvidado. Y en eso llegó Zapatero y mandó acelerar. Y, claro, con él
llegó la tempestad.Si usted escucha o lee unas versiones, sacará la conclusión de que el presidente español hizo el ridículo en la última cumbre europea. O que, al menos, fue ninguneado, sobre todo en sus propuestas sobre la pacificación de Oriente Próximo, compartidas con Chirac, o sobre inmigración, aunque lo cierto es que parece que la UE acabará dotando fondos para combatir la entrada de inmigrantes clandestinos. Si escucha o lee usted otras versiones, podría llegar a pensar que Zapatero fue el héroe de la cumbre, que forzó una conferencia extraordinaria, en Madrid y en enero, para revitalizar la Constitución Europea y, de paso, sacar adelante la iniciativa de paz más amenazada que nunca entre Israel y los palestinos. Y que ha sido él, desde luego, quien ha logrado ablandar la postura indiferente y absentista de la UE en materia de inmigración, sin duda el mayor problema a medio y largo plazo con que se enfrenta Europa. Quienes hemos tenido ocasión de seguir profesionalmente en tiempos no demasiado lejanos los avatares europeos somos, me temo, razonablemente escépticos ante unos maximalismos u otros. Europa es un paquidermo que avanza dos pasos hacia delante uno hacia atrás, al tiempo que derrota hacia la derecha o hacia la izquierda. Y es que ambas cosas son verdad: Zapatero sigue sin pesar en el concierto de sus colegas de la UE, pero suscita simpatías, y hasta puede que un punto de admiración, en Europa. Sus inactivas bienintencionadas caen bien, aunque no revolucionan las estructuras. Y cuando, en un viaje oficial a Estambul, dijo que apoyaría las pretensiones turcas de ingresar en la UE, todos sabían que en realidad iba a votar imponer un parón a la candidatura de Turquía, cosa que ocurrió este viernes en Bruselas. Este marco de calor y frío, ducha escocesa al fin, es el que acogerá a Zapatero cuando, esta semana, acuda al Congreso a explicar, como es preceptivo y habitual, los resultados de la cumbre europea, que, según dice el presidente español, es la que le ha dejado más satisfecho de todas aquellas a las que ha asistido. Tenemos derecho, pues, a esperar una declaración triunfalista por parte del presidente, y no resulta arriesgado aventurar que desde la oposición llegará exactamente lo contrario: una declaración plagada de acusaciones al Gobierno socialista por lo mal que lo está haciendo en Europa. Y eso es, lo digo conectando con el comienzo de esta crónica, lo que no resulta tan habitual en los países más sabios de Europa, aunque hayamos visto casi de todo: los partidos, a la hora de hablar de Europa, van más bien juntos que separados, más bien unificadas sus estrategias que pegándose pisotones los unos a los otros. Y, cuando la UE vive un momento especialmente delicado, muchos entendemos que lo idóneo sería afrontar el futuro con la mayor unidad interna posible, para evitar ofrecer una imagen de debilidad. Veremos, en fin, cómo transcurre la sesión plenaria de este semana. |